Antonio Capasso nació en Nápoles, en una familia dedicada al pan y al horno. Desde niño, la cocina fue su escuela: aprendió a observar los tiempos de fermentación, a oler la masa cuando está en su punto, y a respetar el oficio del panadero como algo más que una receta. La base de nuestra pizza no se inventó de un día para otro. Es fruto de años de trabajo, pruebas y tradición. Pero lo más importante es que nunca fue una copia: fue una reinterpretación consciente. Una receta nacida del legado napolitano, pero adaptada al contexto y al paladar del lugar donde echaría raíces.
En 1981, Antonio aterriza en la Costa del Sol, justo cuando España entraba en una nueva etapa social y cultural. En esos años, la pizza napolitana —con su masa blanda, borde inflado y centro húmedo— no conectaba con el público local. Muchos la veían como algo extraño, poco hecho, incluso incompleto. Antonio entendió que si quería triunfar, no bastaba con traer Italia en la maleta: tenía que crear algo nuevo. Durante tres años trabajó en los puertos deportivos de Marbella y Puerto Banús, observando, cocinando y afinando una receta que respetara su herencia, pero pensada para un cliente que buscaba otra textura, otro corte, otra experiencia. La oportunidad llegó en forma de amistad: gracias al Bar Sinatra conoció a otro italiano con quien fundaría su primera pizzería. Juntos desarrollaron un concepto que perduraría más de veinte años, con una masa como protagonista. Una masa ligera, crujiente y con carácter. Una masa que más adelante llevaría su apellido.
En 2003, Antonio decide volar solo y fundar Capasso Pizza, su primer local bajo su nombre. Apostó por un concepto que entonces no era tan común: la pizza al corte. Grandes bandejas horneadas al momento, porciones generosas, y combinaciones sabrosas con ingredientes italianos y locales. Nada de moldes cerrados: solo sabor, formato flexible y calidad. Su éxito fue tan claro que entre 2006 y 2008 abrió cuatro nuevos locales bajo la marca “Paparazzi”La pizza Capasso se convirtió en un clásico moderno en la Costa del Sol, y su masa fermentada en frío, crujiente por fuera y aireada por dentro se volvió su firma. Pero a pesar del crecimiento, la esencia nunca cambió: una pizza artesanal, informal y honesta, hecha con el mismo cuidado que en casa, pero pensada para las calles.
Después de la pandemia, Capasso Pizza abrió su primer local en Madrid. Una ciudad exigente, rápida, abierta. Perfecta para una pizza que también lo es. En locales como el de Atocha 98 o Ponzano 54, Capasso trajo su receta a un nuevo público: el que valora lo artesanal, pero también lo cómodo; lo gourmet, pero sin necesidad de manteles. Aquí se mantiene todo lo que nos define: la masa fermentada como protagonista, ingredientes de calidad, trato cercano y precios justos. Madrid ha sido el comienzo de un nuevo capítulo. Nuestro objetivo: seguir creciendo sin perder ni un gramo de autenticidad.
Lo decimos con claridad: no hacemos pizza napolitana, y nunca la hicimos. En los años 80, no era el producto adecuado para este mercado, y hoy, seguimos sin querer encajar en un molde que no nos representa. Nuestra pizza se sirve al corte, se comparte entre amigos, se come de pie, en una barra o en la calle. Pero detrás de ese formato rápido hay una base muy seria: masa de fermentación lenta en frío, ingredientes seleccionados, combinaciones propias, y respeto absoluto por la artesanía. Es gourmet, porque cuidamos cada detalle. Es urbana, porque se disfruta en la calle. Y es Capasso, porque no se parece a ninguna otra.

